Proyecto Agricultura, Ganadería y Pesca

" La tierra es benigna, mansa, indulgente y asidua servidora de todas nuestras necesidades. ¡ Cuántas cosas se la obliga a producir, cuántas entrega generosamente !. ¡ Cuántos aromas y sabores, qué jugos, tactos y colores !.

¡ Con qué honradez nos devuelve multiplicado el caudal que le confiamos. ¡ Cuántas cosas produce para nuestro bien !.

Plinio el Joven ( 61 A.C.) Abogado y Escritor romano. todavía no se conocía Haití

La producción agrícola había aumentado en Haití más del 25 % en el año 2009 hasta que la tierra tembló, se resquebrajó, arañando la vida y segando la muerte de más de 320.000 víctimas con su guadaña de acero y todo lo que su furia arrastraba a su paso, sembrando el terror para más de 2.000.000 damnificados. Fue el martes 12 de enero de 2010 a las 16.53 hora local con un epicentro a 15 km. de Puerto Príncipe, con una magnitud insólita y bravuconada de 7.0 Mw, volviendo a repetirse en menor escala en octubre de 2018 con un terremoto de magnitud 5.9 grados que causó un seísmo en una calurosa noche en Port de Paix, contabilizando 14 muertos y con el consiguiente reflejo de otro impacto de 5,2 en la escala de Richter en el noroeste del país en menos de 24 horas que se detectó después del primero. Y no podemos olvidar que otrora, concretamente en 1751 y 1770, cuando todavía el yugo francés dominaba al país caribeño, otras sacudidas sísmicas de 7,5 Mw estremecieron y devastaron por completo la capital del país anteriormente señalada.

Los resultados siempre han sido convertidas en escenas de una desolación inmensa que ha llamado a la piedad, convirtiendo a Haití en el país más pobre de América y uno de los más afligidos del mundo, creando una referencia negativa para localizarlo como un punto extremo de peligrosidad natural que se concentra en una parte de la isla compartida con República Dominicana, algo que sería imposible no señalar con otras vaguedades y argumentos que podrían exigir un comentario mucho más coreado y justo de una reciprocidad pendiente que saldar y que pudiera ser compartida para obtener las ayudas de la comunidad internacional, que humanamente llegaría a la conclusión siguiente : " Mientras a Haití le suceda las desgracias naturales, los demás estamos a salvo ", pero no es un planteamiento grato por pasar factura si el humillado lo único que pide es socorro en maquinaria, útiles y herramientas para volver a trabajar la tierra, financiación y estudios geológicos para dar seguridad a las zonas de cultivo más idóneas para sembrar y recolectar y así dar de comer a un pueblo que innegablemente pasa hambre, penurias y un barbecho obligado que exige una espera a la que por el momento no le llega la hora de reactivar y regenerar una cosecha productiva en su agricultura, ganadería y pesca en la que hacen falta más que redes y mano de obra esforzada para lograr una rentabilidad sectorial, unida a la importancia que debe darse a aquellas zonas de cultivo selectivas y organizadas en propiedad exclusiva por fondos de inversión, privadas o cooperativas, dando empleo en su conjunto a más del 30 % hoy desocupado, con un proyecto ilusionante de dotar a las áreas rurales con otra calidad de vida que haga desaparecer los impedimentos con los que hoy se encuentra irremediablemente un Haití tan cercano y tan distante para los demás.

Volviendo al arte tan importante de la agricultura dotada del equipamiento preciso, es innegable y muy razonable pensar que transformaría el entorno en zonas habitables en las que se desarrollarían el complemento de sus infraestructuras para hacer llegar la producción a pueblos y ciudades que también realizarían progresos importantes en abastecerse y mercadear, toda vez que servirían de proveedores indispensables de fertilizantes químicos, ingenios mecánicos, una mejora genética relevante, sin menospreciar a la ganadería que tan ligada está al cultivo de alimentos y en consecuencia el suministro de forraje para el sustento de los animales, acciones todas rebosantes de hacer renacer un nuevo y necesario espíritu de colaboración siempre respetuoso con la naturaleza por parte de los haitianos, a los que hoy les cuesta llevar una hogaza de pan a su familia.

Decía Masanobu Fukuoka (1913-2008), un experto japonés, agricultor -ecologista y autor de las obras La Revolución de una Brizna de paja y La Senda del Cultivo, y que nos emociona al estar de acuerdo con él ¨: "Un medio ambiente no puede existir fuera de la naturaleza y así la agricultura deberá ser fundamento para vivir. El retorno de toda la gente necesaria al campo para cultivar la tierra y crear aldeas de hombres y mujeres verdaderos es el camino a seguir para la creación de ciudades y naciones ideales".

Es pretensión de la Liga Haitiana Internacional (LIHAITI ) impulsar un nuevo sentido de recuperación e invitar al pleno científico internacional para que nos ayude a auscultar la Tierra cuando ruge, y que sus sondas e informes puedan evitar los epicentros endemoniados que causan estragos y miserias. Y para seleccionar esas indispensables zonas de exclusión sísmica, dado que la economía de Haití se contempla en una actividad agrícola en la que cerca del 80 % de su población participaba y sigue haciéndolo en menor proporción, con una consideración de no menos del 25 % estable en la economía del país y la consiguiente generación del empleo, se condiciona el proyecto a conseguir una pertinaz ayuda y formación de técnicos, a los que hay que dotar de expectativas motivadoras para ofrecer a los desastres naturales, que bien podrían ser previsibles en el tiempo y en la distancia, la única ofrenda de sacrificio que pueden ofrecer los haitianos : una resistencia sin límites y una oratoria sincera para que el mundo no olvide a un Haití siempre agradecido que todavía no ha encontrado la luz que guie su futuro todavía incierto.